Con martillo y cincel grabaste en mi el primer día que
pasamos juntos, lo que sería sin pretenderlo nuestra primera cita. Siempre creí
que el amor llegaría a mi con un ramo de rosas rojas, en una cena elegante con
velas, a media luz, así es como muchos suponen nacen los grandes amores.
Probablemente lo último no sea del todo mentira pues nuestro amor sí que nació
a media luz, con ese tipo de cielo nublado que no amenaza con lluvia, que no se
distingue una nube de otra, es simplemente como si cubrieran el mundo con una
lona así es que si me lo preguntas a mi nuestra primera cita no fue debajo de
una lona que el cielo se molestó en poner solo para nosotros. Recuerdo haber
pensado que era un día hermoso, fresco, sin sol pero tampoco con lluvia. El
clima es lo de menos si estoy contigo, podría pasar un huracán pero si estoy
junto a ti seguiría pensando "que día tan perfecto".
Salimos temprano de la escuela y como volverías a casa sola pensé que no perdía
nada al acompañarte unas cuantas cuadras, después de todo parte del camino era
el mismo además no tenía planes, tampoco nada importante que hacer u otro lugar
a dónde ir. Desde ese día supe que no quería ir a otro lugar donde no
estuvieras.
Pero a pesar de todo lo anterior jamás me imaginé que pasaría el día contigo y
aunque no acostumbro a jurar te juro que no me arrepiento de nada, me
arrepiento de muchas cosas pero no de lo nuestro.
Mencionaste algo del clima y mi compañía, las palabras exactas las recuerdo más
no las escribiré pues son solo mías, así que simplemente fingiré olvidarlas.
Fue desde ahí que comencé a relajarme y a sentirme realmente bien, caminaba
admirando los árboles y casas a mi alrededor, de pronto todo se veía más
colorido y a pesar de la luz blanca que emitía el cielo como si fuese una lámpara
led dando un aspecto melancólico al ambiente para mí por fin todo cobró vida
conforme platicabamos y reíamos tan cómodamente que no parecía nuestra primera
vez juntos y solos hablando y caminando. Llegamos pronto a la calle donde
nuestros caminos debían separarse pues tan solo dos casas a la derecha estaba
la mía.
"Te acompaño a la siguiente cuadra" te dije, al llegar a la siguiente
cuadra "te acompaño una cuadra más" volví a decir hasta quedarme sin
cuadras. Creo que es la forma más sencilla que se me ocurre de describir
nuestras vidas. Para llegar a tu casa debíamos atravesar un pequeño parque.
Seguía siendo muy temprano, el parque estaba vacío. Nos sentamos en una banca
para seguir conversando, para extender el tiempo juntos. En lugar de extenderse
pareció que se había encogido pues sentí que tuvimos que irnos tan pronto como
llegamos. Terminamos de recorrer el resto del camino pero esta vez tomados de
la mano. El resto de mis días y de este largo camino lo he andado de tu mano y
justo como aquella vez lo has hecho más ameno sin importar si llueve o si el
sol es insoportable. Créeme que ha sido un honor acompañarte una cuadra más al
llegar a la final de la anterior en el sendero de nuestras vidas y solo espero
nunca tenga que doblar a la derecha.

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