Una cuadra más



Ammy Reyes


Con martillo y cincel grabaste en mi el primer día que pasamos juntos, lo que sería sin pretenderlo nuestra primera cita. Siempre creí que el amor llegaría a mi con un ramo de rosas rojas, en una cena elegante con velas, a media luz, así es como muchos suponen nacen los grandes amores. Probablemente lo último no sea del todo mentira pues nuestro amor sí que nació a media luz, con ese tipo de cielo nublado que no amenaza con lluvia, que no se distingue una nube de otra, es simplemente como si cubrieran el mundo con una lona así es que si me lo preguntas a mi nuestra primera cita no fue debajo de una lona que el cielo se molestó en poner solo para nosotros. Recuerdo haber pensado que era un día hermoso, fresco, sin sol pero tampoco con lluvia. El clima es lo de menos si estoy contigo, podría pasar un huracán pero si estoy junto a ti seguiría pensando "que día tan perfecto".

Salimos temprano de la escuela y como volverías a casa sola pensé que no perdía nada al acompañarte unas cuantas cuadras, después de todo parte del camino era el mismo además no tenía planes, tampoco nada importante que hacer u otro lugar a dónde ir. Desde ese día supe que no quería ir a otro lugar donde no estuvieras.

Pero a pesar de todo lo anterior jamás me imaginé que pasaría el día contigo y aunque no acostumbro a jurar te juro que no me arrepiento de nada, me arrepiento de muchas cosas pero no de lo nuestro.

Mencionaste algo del clima y mi compañía, las palabras exactas las recuerdo más no las escribiré pues son solo mías, así que simplemente fingiré olvidarlas. Fue desde ahí que comencé a relajarme y a sentirme realmente bien, caminaba admirando los árboles y casas a mi alrededor, de pronto todo se veía más colorido y a pesar de la luz blanca que emitía el cielo como si fuese una lámpara led dando un aspecto melancólico al ambiente para mí por fin todo cobró vida conforme platicabamos y reíamos tan cómodamente que no parecía nuestra primera vez juntos y solos hablando y caminando. Llegamos pronto a la calle donde nuestros caminos debían separarse pues tan solo dos casas a la derecha estaba la mía.

"Te acompaño a la siguiente cuadra" te dije, al llegar a la siguiente cuadra "te acompaño una cuadra más" volví a decir hasta quedarme sin cuadras. Creo que es la forma más sencilla que se me ocurre de describir nuestras vidas. Para llegar a tu casa debíamos atravesar un pequeño parque. Seguía siendo muy temprano, el parque estaba vacío. Nos sentamos en una banca para seguir conversando, para extender el tiempo juntos. En lugar de extenderse pareció que se había encogido pues sentí que tuvimos que irnos tan pronto como llegamos. Terminamos de recorrer el resto del camino pero esta vez tomados de la mano. El resto de mis días y de este largo camino lo he andado de tu mano y justo como aquella vez lo has hecho más ameno sin importar si llueve o si el sol es insoportable. Créeme que ha sido un honor acompañarte una cuadra más al llegar a la final de la anterior en el sendero de nuestras vidas y solo espero nunca tenga que doblar a la derecha.

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