Leilany Lomelí 


El día que entraste a aquel viejo bar puedo jurar que junto a ti todos los colores cobraron vida, fue como si el sol entrara por esa puerta para robarme la mirada lentamente, me faltarían palabras para describir esa sensación. Solo puedo recordar pensar en ti como una luz, una hija perdida de las estrellas cuyo aroma me recordaba a un centenar de flores, y sus ojos parecían tan oscuros como la noche, pero nadie parecía verte de la misma forma, como si estuvieras ahí solo para mi, para ser admirada, como si fueras la pieza que faltaba en mi puzzle.

Te hable y en esos momentos cuando mis palabras se mezclaban con las tuyas y el aliento alcoholizado de ambos se reunía podía sentir mis pies flotar, parecía que yo no estuviera ahí o que no fuera aquel hombre.

Tímidamente te invite a bailar, sonreíste aceptándome y en esa sonrisa te quedaste mi alma. Lastima que jamás me la devolviste. Bailamos, bachata, merengue y boleros. Hablabas bajito como si cada palabra fuera un pequeño regalo.

Nuestros cuerpos chocaban, y yo no podía estar más ciego. No sé si fue el alcohol que corría por mi sangre o la luz tenue que pegaba en tu cara, pero atreviéndome a sonar cursi, diría que en esa noche y en ese momento cupido me flecho, me flechó a ti completamente, pero las horas se volvieron minutos y la fiesta terminó.

Me fui con tu cara pegada en el alma, con ese aroma a flores en el cuerpo y aún sin conocerte ya te empezaba a extrañar, en un solo baile te entregué mi vida y aquel sentimiento venció todas las reglas que había.

Antes de volverte ver, quiero que sepas que ha pasado mucho tiempo, que no soy el mismo hombre que conociste aquella noche en el bar.
Ya no puedo mirar al sol, una bala de plata y tu estaca al corazón me rompieron el interior.
La gente dice que solo salgo de noche y eso es cierto, me han llamado vampiro por ir llorando a un amor, soy un fantasma vagabundo en el lugar donde vivo. Me robaste el alma para siempre, me condenaste al hambre eterna.

Solo salgo de noche, porque aún a pesar de los años tengo la esperanza de encontrarte en el mismo bar. Por mi barrio corren los rumores, los niños me tienen miedo, dicen que quiero beber su sangre y cuando alguno me ve huye despavorido. Quisiera explicarles que todo esto es por un amor, por un sol, por un alma.

Es tarde para sanar mi dolor, pero aún anhelo encontrarte porque a pesar de todo el tiempo y todo el dolor este viejo vampiro te sigue amando y nunca podrá dejar de extrañarte.

Atte: tu vagabundo amor

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La noche comenzó a caer por las montañas, la luna anunciaba la hora esperada, nuestro fiel enamorado guardo la hoja en el cajón de su escritorio, tomó las llaves y un abrigo, salió de casa tratando de que nadie viera su cara. Llegó al bar, se sentó al fondo igual que todas las noches, pidió un vaso de ginebra y espero, igual que siempre esperaba, aunque hay que decir que con cada minuto la esperanza se esfumaba.
De pronto la noche se hizo día, aquel sol entró por la puerta, emocionado quería hablarle, pero ella no venía sola, otro hombre la llevaba de la mano.
Dos lágrimas perfumadas de ginebra rodearon la nariz del vampiro, el alma rota se levantó de su asiento, tomó su abrigo, pagó la cuenta y salió del lugar.
Sabía que nunca la tendría y que aquella noche en el bar fue solo eso, una noche. Pero aún así si sé esforzó en sonreír todo había acabado bien, la lucha había concluido, ya no tendría que ser el vampiro.