Sefora
Intensas vibraciones retumban
en las paredes de aquel cuarto, donde te encuentras casi bailando mientras
intentas trabajar y concentrarte en las redacciones que necesitas terminar
antes de que el sol se despierte e ilumine cada rincón de este lado del mundo.
Ya eran las 5:00 a.m y aún seguías cautivado por las melodías y letras de
aquellas canciones que nadie conocía, pero tú amabas.
— No te imaginas a qué hora terminé los trabajos.
— ¿A qué
hora?
— Pues
creo que con decirte que no he dormido eso responde a todo jaja.
Sefora nunca tuvo muchos amigos, como todos los
tenían.
Siempre me encontraba más cómoda en círculos más pequeños, aunque tampoco es
que me quedase otra opción ya que al enfocar mis lentes en cosas un tanto
inusuales en mi vida, no me llegaba a topar con muchas.
Cuando
eras una pequeña chiquilla siempre quisiste tener muchos amigos, círculos
enormes de gente, (algo que todavía deseas), sin embargo, notabas que cuánto más te esforzabas
por conocer a más personas no resultaba muy bien, ya que, desgraciadamente,
caíste en el charco de realidad, donde al levantarte, en el reflejo observaste
las intenciones que a veces ocultan. Esos sentimientos de resentimiento, de
sólo “querer” por un momento en donde el deseo físico es el único que está presente
en ese “querer”, donde sólo quieres tener a gente que te quiera, pero no
devolver ese amor que te brinden.
La sociedad puede llegar a ser
el vómito más agradable, o la perla más opaca, o puede
llegar a ser el vomito que tiene más perlas ocultas por ese horrible olor. Si me
hicieran elegir, elegiría la ultima opción, donde nos enteramos o notamos con
mayor facilidad las acciones negativas y negligentes de la comunidad, sin
embargo, creo que llegamos a olvidar las cosas por las que vale la pena seguir
luchando por nuestra sociedad, seguir amando la idea de conocer las joyas
preciosas que oculta el enorme vómito.
— Pero,
¿no has pensado en que te toparás con desechos de la historia, aquellas cosas
que quisieron borrar nuestros antepasados? ¿Aquellas cosas que dan más miedo
que la muerte? A veces se vuelve más sencillo encontrar el amor, la felicidad,
la paz cuando no los conocemos, ya que, si no los conocemos a ellos, tampoco conoceremos a
sus alteregos.
— Qué
punto de vista tan peculiar, pero no creo que sea válido, porque sino conoces
las cosas que te hacen sentir mal, o las que te hacen sentir bien. ¿Cómo puedes
decir que eres feliz? ¿Qué objeto tendría sentirse amado, o feliz, sino sabes
qué es eso, si no conoces lo que es luchar por él? ¿Cómo podrías disfrutar de
algo así, si ni siquiera estas viviendo para saberlo? En ocasiones creo que es
mejor vivir sufriendo que no vivir.
— ¿Qué
demonios te sucede!¿En serio preferirías sufrir toda tu vida que
morir? ¿Cómo podrías decir que estás viviendo? ¿Qué sentido tendría?
— No lo
sé, pero funciona en mi cabeza.
— Tú
¿qué opinas,
Sefora?
— …
Mientras Sefora se encuentra
sentada a un lado de la fuente, sintiendo la brisa del agua que emerge del
manantial que la acompañaba con sus pensamientos agobiantes, dos chicos esperan
a sus amigos enfrente de esa hermosa chica, de aspecto común, cabello ondulado,
de un castaño obscuro, ojos cafés acompañados de unos lentes rectangulares, una
tez acapuchinada. Lo que la hacía hermosa era otra cosa…
— ¿Qué
le sucede a esa chica que se encuentra a un costado de la fuente?, parece como
si estuviera esperando a algo, o a alguien, pero al mismo tiempo tiene una
mirada muy perdida, porque parece estar resolviendo algo con sus pensamientos.
— ¿Acaso
te atrajo? ¡Vamos,
Berny! ¿En serio? Ni siquiera es bonita, es muy
normal.
— Qué estúpido
eres, Dan. Eso no me atrae, de hecho, ni siquiera sé qué es lo que me atrae de
ella.
— Bueno,
si tanto te emociona por qué no vas a hablarle.
— Demonios,
sí que eres un idiota. Está demasiado concentrada en sus pensamientos, dudo que
le ayude en algo, creo que es un mar en el que todavía no estoy dispuesto a
bucear.
— Qué
culo. Pero como gustes, tú serás el afectado.
Cuando los amigos de Berny y
de Dan llegaron para volverse niños juntos, Berny se prometió volver a
encontrar a esa bella chica de aspecto común, pero de una mirada magnética.
— ¿Qué
sucede? Nos dijiste que serías capaz de vencer nuestras perspectivas, nuestros
argumentos tan contaminantes que ni siquiera puedes caminar a un lado de ellos.
Eres tan débil.
— Al fin
algo en lo que podemos coincidir, vaya que eres débil. Pero ¿por qué? ¿es tan
difícil hacerte una propia visión sin ser afectada por nuestras invasivas
opiniones?
— …
— ¡Oh
vamos, Sefora! No seas cobarde y responde.
— ¿Por
qué? ¿Por qué debo de responder a sus peticiones? Y más aún cuando ni siquiera
se interesan, en verdad, en conocerlas. Ustedes solo quieren pelear y yo no
entraré en su juego.
Los miércoles son mis días favoritos, es
cuando ya estás acomodado en la semana, trabajando, estudiando, siendo
productivo y mi momento más anhelado; ver a la chica más hermosa sentada en las
rocas que rodean el manantial que se encuentra en medio de la ciudad, donde
puedo observar su mirada enfocada solamente en sus pensamientos, sumergiéndose
en ellos como si pudiera nadar. Un día
pude ver cómo esos pensamientos la ahogaban, pues podía ver desde la altura las
cascadas que desbordaban de sus ojos ahogando mi euforia por verla ya que, en
esos momentos, solo quería salir corriendo para abrazarla, para consolarla,
para decirle que me había vuelto loco la intriga de conocerla, para ser su
flotador entre esas cascadas asfixiantes. Pero jamás me animé a hacerlo, me
acostumbré a observar cuando ella se volvía una fuente, con tales cataratas
provenientes de sus ojos resplandecientes, con la gente admirándola por una
milésima de segundo para después dejar de tomarle importancia. Su llanto era
tan peculiar, que al pasar los meses me fui dando cuenta de que no eran de
tristeza, pues no expresaban sonido ni dolor alguno, simplemente sus ojos
comenzaban a desvanecerse en agua.
Ya me cansé, ya estoy agotada
de intentar encontrar una respuesta a todo, ya estoy sofocada de no poder hacer
valer mis principios por miedo a qué me puedan decir, por miedo a que no le
importe a nadie, ¿en verdad será una buena idea seguir viviendo?
He decidido hablarte, hablarte
a ti la más seductora flor de todas, el más fascinante ranúnculo. Demonios,
¿qué le puedo decir a una flor tan hermosa e inalcanzable para mí, para que me
pueda hacer caso? Como sea, no sé qué le diré, pero le hablaré.
Sefora, un jueves por la noche
decide ir a aquella fuente en donde siempre brotan sus pensamientos más
profundos y en donde siempre cae en los baches existenciales más hondos que
puedan existir. Ese jueves, decide salir en la noche de su departamento para,
al fin, poder callar esas ideas que hacen que su día deslumbrante se vuelva un
día hipócrita, ese jueves por la noche desbordaba ansiedad, pero ansiedad para
terminar con esto.
— Ya me
cansé de ustedes, ya no quiero seguir escuchando sus estupideces.
— …
— …
(Los
pensamientos, sorprendentemente, se callaron al instante, Sefora espero
respuesta de ellos por un tiempo muy largo. El sol comenzaba a emanar de entre
los edificios de cantera que había a los alrededores de la fuente. Sefora
comienza a sentirse impotente, vacía, triste).
¡Qu-que demonios! Así no se
suponía que sería, así no se suponía que resultaría.
Berny observa a Sefora
bañándose con deprimentes gotas de agua que emanan de ella y de la fuente.
Berny no entiende qué es lo que sucede. Pero no quiere dejar que la preciosa
chica tan común se funda con el agua, para desvanecerse.
— ¿Qué
haces ahí?
— … — Sefora
observa a Berny, pero no le toma importancia, sus sollozos son más dolorosos y agobiantes
que un tipo cualquiera que está a punto de ir a trabajar.
— Ey, te
estoy hablando.
— …— A
Sefora comienza a molestarle la insistencia de Berny.
Berny, no duda ni un minuto
más para entrar a las agitadas lágrimas que escurrían de sus ojos, por lo que
la envuelve como un tamal con sus brazos, la abraza tan fuerte como si fuese la
única vez que pueda hacerlo. Sefora, al terminar de llorar, no le dirige ni una
palabra a aquel extraño y se va. Berny se siente impotente y dolido, puesto que
ella no se interesó en él.
En los próximos 5 días Sefora
hace lo mismo, se hunde en sus lágrimas debajo del manantial en donde siempre
se sentía hecha, pero al mismo tiempo deshecha, donde siempre se sentía bien
pero mal, donde siempre estaba dañada pero recuperada. Berny cada día la acompaña más y más, sin
decir ni una palabra, puesto que entendió que ella sólo necesitaba estar
acompañada, solo necesitaba sentir que nada le faltaba ya que, al abrazarla sus
sollozos, sus lágrimas se aminoraban.
El sexto día, como en los
demás, Berny abraza a Sefora debajo de las mantas de agua que hacia la fuente.
Este día se queda con ella hasta el final, hasta que se calme para acompañarla
a casa puesto que este día, él no trabaja.
Sefora comienza a hablar:
— ¿Por
qué me dejaron sola? ¿Es porque ya no me quieren? ¿en qué diablos pensaba?
Hacer que los pensamientos que me hacían vivir de verdad se esfumarán, pero que
estúpida. Ya para qué chingados vivo, si no puedo escucharme a mí misma. Si no
me intereso por mí misma, esto no tiene caso.
(Berny
se resigna a escucharla, a entenderla. Ya que más de una vez intento hablar con
ella y solamente era ignorado).
Se
hicieron las 8:00 am:
— Sefora,
¿por qué vives?
— Sefora,
¿qué sentido tiene ser parte de una sociedad?
— Sefora,
¿por qué lloras?
— Sefora,
¿en verdad crees que llorar te sirva de algo?
— Sefora,
¿por qué dejas qué te toque un extraño?
— Sefora…
— Sefora…
(Al escuchar estos
pensamientos vagar en su consciencia los ojos de Sefora parecen estar boleados,
pues, de nuevo, había vuelto su esencia).
— ¿Hola?
—Sefora saluda con asombro a la Sefora existencialista.
— Ho-hola
—Le contesta Berny con tanta calidez y tanto entusiasmo, puesto que ella ya
pudo verlo.

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